Junio 5, 2026

Se realizó una emotiva ceremonia de velatorio a los restos de José Eugenio Monsalve y Juan Ojeda, cuyos restos fueron identificados por laboratorios austriacos.

El pasado 27 de mayo se desarrolló en el Centro Cultural Museo y Memoria de Neltume un emotivo homenaje para dos jóvenes obreros de la zona, José Eugenio Monsalve, alias Camilo, y Juan Ojeda, conocido como “Pequeco”, que fueron asesinados durante la Operación Machete en 1981. Ambos militantes del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) fueron detenidos tras el Golpe de Estado de 1973 y exiliados. Posteriormente, decidieron retornar de manera clandestina a Chile para de alguna u otra forma hacer resistencia a la dictadura, instalándose en la zona de Neltume en el campamento Toqui-Lautaro, que fue atacado por efectivos del Ejército, en la llamada Operación Machete, que tuvo como resultado la muerte de la mayoría de sus militantes.

El homenaje incluyó dos presentaciones músicales de destacados artistas de la Región y que su repertorio musical va en concordancia con lo sucedido en la localidad de Neltume. Una propuesta de música de propuesta y resistencia que nos invita a reflexionar y recordar lo sucedido en la época oscura de la dictadura militar en Chile. Dichas propuestas estuvieron a cargo del grupo Antiyal quienes se hicieron presente con su característico repertorio folclórico andino. También se presento el destacado cantautor valdiviano Carlo Alberti, que aparte de su labor artística es dirigente sindical, lo que ha mantenido su carrera estrechamente ligada a las causas sociales y de derechos humanos. La actividad contó con la presencia de amigos, vecinos, ex-militantes y la Seremi de Cultura, Antonia Torres.

Al día siguiente se realizó el funeral de ambos militantes en el cementerio mapuche de Pudahuel, comuna de Panguipulli. En esa ocasión Maya, excompañera de José Eugenio Monsalve, realizó una semblanza del mirista caído.

“Camilo, el gran Camilo, era todo un personaje: de seño adusto, desconfiado, vaqueano, el campesino nato, siempre subido arriba de los árboles, observándolo todo como si cuidara el rebaño. El que tenía “bichitos en la guata” como excusa para no estar temprano en los ejercicios y sin embargo en el monte era el primero. Se comía la montaña con sus pasos, cuando el grupo se perdía y debía devolverse, era el que llenaba de señas el bosque, nos dejaba irnos y luego nos decía “por acá, ¿ven esa ramita quebrada?, por acá y se reía de nosotros. Sus ojos campesinos conocían hasta las piedritas de distintos colores del terreno. Hacer guardia con él era una maravilla, tenía un olfato para encontrar huevos de “aves alzas” y preparaba un rico desayuno. Juntos un día preparamos una culebra que cazaron los chicos en el campamento para desayunar todos, rica, un sabor entre pollo y cerdo. Creativo, práctico, arreglaba todo, por eso luego fue el encargado del taller del Destacamento. Con las letras había que ayudarlo a rellenar sus apuntes en clase, de cada seis palabras lograba escribir tres, pero en la ciudad él se paseaba con el Gramma en inglés (diario cubano) como un gran señor, idioma que sí había aprendido en Canadá, país de origen. En la Habana se hacía pasar por doctor “para impresionar a las chiquillas’ decía él, pero ¡qué tremendo corazón e inteligencia! tenía Camilo, lo que se hubiera propuesto en lo personal, lo habría logrado, tenaz, perseverante, generoso y el compromiso con su pueblo lo llevó a ser guerrillero, un guerrillero de la Aurora diría Aminie… Hoy su ejemplo vuela por los bosques de Neltume, su querido Neltume.”

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